
Caín y Abel
Trepado en mí
casi no hacía ruidos,
pero desafortunadamente
su bestia comía de mi culo.
Un hombre silencioso en tiempos de guerra.
Este hambriento –dije- es mi hermano.
Y me abrí delicadamente
como un jacinto a la pisada del buey.
Le di agua de mi boca,
manos que fueron pañuelos para su frente,
mi espalda como un pan
y ojos que supieron cerrarse a tiempo.
Trepado en mí,
dije este hombre es mi hermano
y lo quiero
porque somos igual de pobres
y estamos igual de hambrientos.
Lenguas en erección
Juan Carlos Bautista
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