1 de marzo de 2008

donde fuego hubo...



La mayoría de nosotros pertenecemos a una religión, y en nuestro país, tenemos la libertad de profesar las creencias que más se identifiquen, con la forma de pensar de cada uno. Pero, qué sucede cuando nos encontramos con autoridades, parientes, amigos, etc. que presionan a que nos involucremos con una religión determinada; por ejemplo, un amigo, perdió su trabajo porque su jefe era de X religión, y como mi amigo no quiso entrar a ese grupo, por presiones autoritarias, se quedó sin su puesto. Otro muy claro, es cuando grupos determinados (que no quiero mencionar) ofrecen dinero, despensa, casa, para que se integren a ellos, y una vez dentro, no pueden renunciar sin perder todo aquello que han ganado. Entonces, se tiene o no se tiene la libertad para pertenecer a un grupo religioso determinado?

el viento y sus palabras...


Soneto a Montevideo I

Cuando llegas en barco, se siente la agonía de la dictadura en el viento. Pisas la tierra y la vejez de sus aguas y sus casas muestran la hospitalidad de su gente. Rincones llenos de historia, llenos de guerra.

Esa vez, cerré los ojos y vi el cadáver de un niño. En su frente una bala que se hospedó en su mente, y al abrirlos, me vi sentado, en una banca de la Plaza Independencia, tratando de escuchar los gritos, llantos de mujeres, jóvenes y viejos, en la defensa en contra de una idea antigua.

Pueblo bañado con la plata de su mar, donde, en el otoño, las hojas lo cubren, para ondear con finura alegría. Montevideo, el viejo Montevideo...
Ayer te soñé, caminaba en tus calles desiertas de silencio, y sentí, una tristeza diferente, una tristeza que llamaba, con susurro, al llanto. El sol cubierto, con un nublado eterno, hizo que abrazara tu nostalgia y me llevara junto a ti.

El mate sentenció mi estadía y proclamé volverte a ver. Y, con aquel deseo en mis labios, esperaré, para que un día, no muy lejano, vuelva a pisar tus calles y disfrutar de aquel otoño que casi llamó mis lágrimas.
Montevideo... una vez te soñé.

huellas en la arena...


El cuento de la isla desconocida, José Saramago.

Una fábula de apenas 75 páginas. Encontramos a un Saramago fuera del Ensayo de la ceguera y del Evangelio según Jesucristo; pero sin perder la riqueza de la escritura, nos lleva a una historia genial, llena de metas que termina por descubrir la capacidad de cada persona.
La historia trata de un noble que le pide al rey un barco para buscar la isla desconocida. Un magnífico retrato de la burocracia de hoy, del poder y del desprecio. Con un fin alentador, comprender la identidad de cada uno en un mundo real mezclado con los sueños.

La frase:

Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora.

Proverbio hindú

pasatiempo del mar...


Espacio entre dos pieles

En esta duda cabe el mundo
el aliento de flores abatidas
bajo la guillotina de los párpados
una fila de mariposas
su aleteo en el alfiler
la sentencia de palabras no dichas
la sonrisa de la muerte
los años lanzados de cabeza
el apetito estéril del abismo
la grieta entre la voluntad y el acto
entre el pausado desollamiento del deseo
y el fuego de cadenas fundidas por el roce

Primera piedra
Mauricio Nehbli