Una casita a orillas de La Pasióncruzamos el río La Pasión como la única Odisea
por nosotros mismos, un acto inequívoco
de libertad, un juego que asumimos
por dos quetzales simplemente.
mientras desde la orilla los lumínicos
nos oficiaban el mapa del país, las rutas del sur,
de los cafetales y las haciendas. nadie
nos indicó la casita de pobres a orillas del río.
allí, todo se podía compartir, los pies descalzos
de los niños, los perritos que jugaban
entre viejos muñecos y la inocencia,
nos conminó a la espera.
tomé algunas fotos del lugar y me quedé todo el viaje
preocupado por esa gente que nada conocían
de la Panasonic perpetuada en un cartel
para el viajero.
parecía que Guatemala obvia ese instante,
y ya nada justifica las canoas que llegan una y otra vez
desde el otro extremo del río, desde el otro extremo
del mundo. quizás, todo el país
podría ser esa casita desprovista,
minimizada por la Panasonic; una escena cruel
que nos cautivó a todos.
Luis Manuel Pérez Boitel