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8 de octubre de 2014
Sigue la espera
Con las nuevas tecnologías, las personas, hoy en día, se encuentran más inmersas en un mundo paralelo entre la cotidianidad y las redes sociales, siendo estas últimas un punto importante ya en nuestras vidas. Me refiero con esto al hecho de que ya influyen en todo momento, a todas horas, y en cada segundo. Ya no estamos en paz sin "checar" nuestras redes sociales, y, aunque, ya no exista nada nuevo qué ver, aún así estamos con las ansias de hacerlo.
En horabuena, a todos aquellos que "checan" su "face" twitter y otras más en el cine, NO LO HAGA YA!!! todos pagamos por ver la película.
30 de junio de 2011
Crónica del hombre ausente...

Un tema de profundidad… no profundo.
La profundidad de una novela es la razón de leerla. A qué me refiero con “la profundidad” de la novela; es simple, al manejo de un tema, es decir, cómo se estructura, cómo se va limitando, cómo se complementa, en pocas palabras, la “fuerza” que el autor le da para que tome significado.
Algunos temas se ponen en moda cierto tiempo, y hace referencia con la especulación de las personas. Empecemos, por ejemplo, con El código Da Vinci, donde Dan Brown hace y deshace el tema del linaje de Cristo, siendo, claro, un final tan lógico y obvio que fue criticado (y no para bien, pues ganó una demanda por parte de Baigent y Leigh que argumentaban que la novela del señor Brown, se basa en la teoría que los investigadores exponen en su libro, y que les llevó más de diez años en las conclusiones). Después de Dan Brown, se dejaron venir, para bien de las librerías, todo lo referente a conspiraciones, asesinatos, cámaras secretas, linajes sagrados, últimos y primeros templarios, todo lo referente a secretos bíblicos ocultos en bibliotecas, y después encontrados para desencadenar una trama, de por sí, ya leídas. Y que hasta ahora siguen teniendo lectores (en horabuena, se trata de leer).
Luego las librerías se llenaron de colmillos. Sí, de por sí ya teníamos con los antecedentes de las sociedades secretas, ahora nos legaron los vampiros. Y gracias, claro está, a la saga lerda de "Crepúsculo", "Luna Nueva” —basadas en los libros del mismo título— y toda la flota vampírica que ya nos había bombardeado en los noventas: “Entrevista con el vampiro” (que por ende, bien realizada y apegada a la tradición del los vampiros, pues en este film no brillan con el sol, ni defienden a amores donde la humanidad se refleja en una especie de virginidad, ni se pelean con licántropos en una guerra demasiada infantil, ¡ni se reflejan en el espejo!) y aprovecharon en reeditar varios libros de la señora Anne Rice, la dama de los colmillos.
Sin embargo, la era de los vampiros no ha tenido tanto auge como las sectas cristianas; aunque sí ha influenciado a otros escritores americanos como Becca Fitzpatrick y su libro Hush, Hush, aquí pongo reseña:
Nora Grey, una alumna aplicada en busca de una beca para la universidad, vive con su madre viuda en una granja a las afueras de Pórtland, Maine. Cuando Patch se convierte en su nuevo compañero de instituto, Nora siente a la vez atracción y repulsión hacia este extraño personaje que parece tener acceso a sus pensamientos. Luego se entera de que Patch es un ángel caído que quiere convertirse en humano. Nora está bajo su control, pero hay también otras fuerzas en juego y de repente se encuentra viviendo hechos inexplicables y en medio de una situación muy peligrosa.
¿Les suena a algo? Claro, a la saga “temible” de vampiros comandada por Stephenie Meyer. Pues la estructura va así: ella, llamada Nora, es una simple mortal, con problemas de autoestima, donde se adentra en sí misma, en pocas palabras, la incomprensible; conoce al ya mal logrado Patch, un tipo duro, con mala finta, ah, y que la ve “feo”. Él es un ángel caído, sí para no decir que se llama Edward y es un vampiro. Y… y… se enamoran, sí eso era, tan difícil de comprender.
La cuestión está en que la novela americana de ese estilo va dirigido a un público juvenil, necesitado de un vampiro, perdón, de un ángel caído, perdón, quise decir de un tipo malo, diferente, que las haga sentir las más humanas en un mundo tan tecnológico, sin padres (pues trabajan todo el día) donde las redes sociales forman gran parte de la vida, y sin ellas no podemos vivir. Y, por cierto, ya tiene su saga, la novela se llama Crescendo, y es la continuación del gran amor de Nora y Patch.
El tema es interesante, si se maneja fuera de escuelas y adolescentes. Si la escribiera, por ejemplo, Philip Roth, para seguir con las letras americanas, sería una novela “profunda” pues el escritor, la manejaría en un grado de complejidad con un estilo fino y concreto.
Pero, en efecto, lo bueno de esta literatura escatológica es que se lea, y ese fin, va positivamente.
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23 de junio de 2011
Crónica del hombre ausente...

La decadencia del tiempo perdido
Hablar de tiempo es ampliar un panorama que, para algunas personas, será bueno y para otras será efímero. La palabra tiempo abarca una generalidad concreta, es decir, para todo es tiempo, claro, siempre y cuando no delimitemos la palabra para otros objetivos; como un tiempo determinado para realizar cualquier tarea, un tiempo para planificar algún asunto laboral, o, hasta un tiempo para un desarrollo personal: este fin de semana dedicaré más tiempo a la familia, o a los amigos.
El tiempo en sí, es subjetivo, pues parte de un análisis personal en cómo, dónde y cuándo lo apliquemos. Se dice que una persona con una enfermedad terminal necesita más tiempo de vida para realizar actividades que no se pudieron hacer cuando se estaba sano; o el simple hecho de tener tiempo de vida para seguir en este mundo, y pedirle a Cronos (dios del tiempo en la antigua Grecia) que regale un soplo de su tiempo (al cabo tiene demasiado) para que esa persona —con la enfermedad terminal— pueda disfrutar más de un amanecer, la brisa del mar, o, simplemente ver más la televisión.
Para algunos autores, el tiempo se debe de administrar dependiendo las actividades en importantes, no tan importantes, o nada importantes; pero, la cuestión es: ¿tenemos la disciplina de realizarlos de esa manera, o esquematizar nuestras actividades a un plan que nos rija cada momento, y abarcarnos a una agenda que, por ende, ya es difícil administrarla? La respuesta es no. Y no lo menciono para que el día de mañana mantengas una idea de que el tiempo administrado es el mejor, sino, más bien, lo menciono porque no tenemos la responsabilidad de hacerlo; y poco a poco nos vamos sometiendo a actividades que van desgastando nuestras tareas tanto profesionales como personales. Y nos olvidamos de muchas cosas importantes.
La decadencia
En sí, a qué nos referimos con la decadencia del tiempo, a que las personas, día con día, se preocupan más por una monotonía en actividades laborales y, por qué no, actividades que no tienen importancia en nuestras vidas y que influyen de manera constante; y que dejan a lado actividades que “deben” de obedecer a nuestro ámbito social, como salir a pasear al parque con tu hijo, o en el mejor de los casos, tener una buena conversación con tu pareja o con tus padres. Desde la palabra empezamos a analizar las diferentes posturas; según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española menciona que decadencia significa: Declinación, menoscabo, principio de debilidad o de ruina. Así mismo, declinamos a posponer, a dejar a lado, a mantener fuera de nuestra cotidianeidad aquellos momentos que enriquecen o satisfacen una situación dada.
Las actividades influyen de manera constate, y más, como si se pusieran de acuerdo, aquellos impedimentos que hace que nuestros planes (personales) no se lleven a cabo por una distracción externa que implica cambiar el sentido, en cierta parte, de nuestra vida.
Cuando hablamos de tiempo perdido nos referimos siempre a todo aquello que no retribuye a una actividad de provecho; pero que en lo general no tenemos una actividad que realizar en ese momento, ¿se considera, entonces, tiempo perdido el no realizar actividades? No. Está dicho que en el momento en que la persona no realiza algún productivo está entendido que el tiempo fue perdido, pero a consecuencia a esto, puedes realizar actividades de las cuales planees tanto en lo profesional y en personal, ahora sí, este tiempo perdido, se convierte en un mejor tiempo que me ayudará administrar las actividades con mayor eficacia.
La vida pasa, depende cómo se vea, rápido o lenta, pero el tiempo no se detiene, y esto conlleva a que sepamos en cada instante cómo manejarlo, cómo gastarlo, o cómo aprovecharlo; al fin y al cabo, hay mucho tiempo para hacerlo...
19 de agosto de 2009
Crónica del hombre ausente...

Días... de ver lo que uno ha escrito...
Había puesto, hace unos años, que, fuera de casa, cualquier escrito se llamaría Memorias de Ítaca; dando referencia al existencialismo del extrañamiento, ¿existencialismo del extrañamiento? Como sea, el caso es que fuera de casa, el sentimiento vuelve y vuelve, una y otra vez.
Por ahora no he extrañado nada, pues mi tierra lejos y cerca, no está, en estos días, en mi cabeza… ya llegará el tiempo en que extrañaré aquel pedacito de estado, donde viví mi infancia.
Hace unas semanas se publicó mi novelita corta El equilibrio de las cosas; un escrito que tenía tiempo guardado y que, por fin, vio la luz. Confesaré que me puse feliz, pues, claro, en estos tiempos difíciles, es grato tener su propio libro en las manos. Luego, con más calma, daré una breve reseña de la historia de mi libro.
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