
La decadencia del tiempo perdido
Hablar de tiempo es ampliar un panorama que, para algunas personas, será bueno y para otras será efímero. La palabra tiempo abarca una generalidad concreta, es decir, para todo es tiempo, claro, siempre y cuando no delimitemos la palabra para otros objetivos; como un tiempo determinado para realizar cualquier tarea, un tiempo para planificar algún asunto laboral, o, hasta un tiempo para un desarrollo personal: este fin de semana dedicaré más tiempo a la familia, o a los amigos.
El tiempo en sí, es subjetivo, pues parte de un análisis personal en cómo, dónde y cuándo lo apliquemos. Se dice que una persona con una enfermedad terminal necesita más tiempo de vida para realizar actividades que no se pudieron hacer cuando se estaba sano; o el simple hecho de tener tiempo de vida para seguir en este mundo, y pedirle a Cronos (dios del tiempo en la antigua Grecia) que regale un soplo de su tiempo (al cabo tiene demasiado) para que esa persona —con la enfermedad terminal— pueda disfrutar más de un amanecer, la brisa del mar, o, simplemente ver más la televisión.
Para algunos autores, el tiempo se debe de administrar dependiendo las actividades en importantes, no tan importantes, o nada importantes; pero, la cuestión es: ¿tenemos la disciplina de realizarlos de esa manera, o esquematizar nuestras actividades a un plan que nos rija cada momento, y abarcarnos a una agenda que, por ende, ya es difícil administrarla? La respuesta es no. Y no lo menciono para que el día de mañana mantengas una idea de que el tiempo administrado es el mejor, sino, más bien, lo menciono porque no tenemos la responsabilidad de hacerlo; y poco a poco nos vamos sometiendo a actividades que van desgastando nuestras tareas tanto profesionales como personales. Y nos olvidamos de muchas cosas importantes.
La decadencia
En sí, a qué nos referimos con la decadencia del tiempo, a que las personas, día con día, se preocupan más por una monotonía en actividades laborales y, por qué no, actividades que no tienen importancia en nuestras vidas y que influyen de manera constante; y que dejan a lado actividades que “deben” de obedecer a nuestro ámbito social, como salir a pasear al parque con tu hijo, o en el mejor de los casos, tener una buena conversación con tu pareja o con tus padres. Desde la palabra empezamos a analizar las diferentes posturas; según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española menciona que decadencia significa: Declinación, menoscabo, principio de debilidad o de ruina. Así mismo, declinamos a posponer, a dejar a lado, a mantener fuera de nuestra cotidianeidad aquellos momentos que enriquecen o satisfacen una situación dada.
Las actividades influyen de manera constate, y más, como si se pusieran de acuerdo, aquellos impedimentos que hace que nuestros planes (personales) no se lleven a cabo por una distracción externa que implica cambiar el sentido, en cierta parte, de nuestra vida.
Cuando hablamos de tiempo perdido nos referimos siempre a todo aquello que no retribuye a una actividad de provecho; pero que en lo general no tenemos una actividad que realizar en ese momento, ¿se considera, entonces, tiempo perdido el no realizar actividades? No. Está dicho que en el momento en que la persona no realiza algún productivo está entendido que el tiempo fue perdido, pero a consecuencia a esto, puedes realizar actividades de las cuales planees tanto en lo profesional y en personal, ahora sí, este tiempo perdido, se convierte en un mejor tiempo que me ayudará administrar las actividades con mayor eficacia.
La vida pasa, depende cómo se vea, rápido o lenta, pero el tiempo no se detiene, y esto conlleva a que sepamos en cada instante cómo manejarlo, cómo gastarlo, o cómo aprovecharlo; al fin y al cabo, hay mucho tiempo para hacerlo...
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